jueves, 1 de junio de 2017

Nicola Bombacci.


La socialización es altruismo. Es la dignidad del trabajo y la rectitud moral y política de los trabajadores. Si eres egoísta, eres peor que tus patrones!.”

El capital esta al servicio del trabajo, no el trabajo al servicio del capital.
La ganancia esta al servicio del hombre, no el hombre al servicio de la ganancia.

Superar la Nación sin destruirla, la queremos más grande, porque queremos un gobierno de trabajadores y agricultores, "socialista, sin negar la Patria”, derecho incontestable y sacro de todo hombre y de todo grupo de hombres.

Nicola Bombacci.

miércoles, 26 de abril de 2017

Libre pensamiento..

Algunos tenían razón: la gran plaga es el hombre..

Desconfío de la gente buena. Les desprecio. Gente que va presumiendo de sus buenas acciones y que pide prebendas y privilegios por ello. No existe nada más odioso para mí en este mundo, personas que te chantajean emocionalmente.

Su falsa modestia les delata.. Es difícil encontrar la espontaneidad, es decir, lo que es por sí mismo: lo auténtico...

Todas las culturas en decadencia se caracterizan por algo: la relajación u olvido de las costumbres y tradiciones.


Yo digo que la mujer es perfecta como mujer y que el feminismo las engaña y pretende convertirlas en hombres imperfectos.

Esas medallas olímpicas ganadas por países europeos gracias a no europeos… Lo siento, para mí no tienen validez, son una estafa.


Ser feminista es honrar y esforzarse en conseguir los dones del varón, los cuales envidia, despreciando su propia naturaleza femenina.

Los malvados existen para que los malos reciban su merecido.

viernes, 14 de abril de 2017

Llega la Modernidad: la Decadencia..el Hombre Masa


Un pueblo construye su Cultura en la plenitud de sus fuerzas, en el anhelo de buscarse un destino. Pero cuando esas posibilidades ya han sido recorridas, cuando el vigor se ha gastado en múltiples realizaciones, llega secretamente como una ladrona, la Decadencia.

La Cultura decadente y fosilizada se llama Civilización. La Civilización bien puede entenderse como el paisaje de ruinas y cadáveres de una cultura muerta.

Con el auge del capitalismo, ese espíritu comercial, esa cultura de tenderos, de mercachifles, el alma fáustica reconcentró sus afanes en una infinitud no tanto cósmica sino de acumulación de capital. El capitalismo que era una simple excrecencia del poder tributario, la acumulación de los comerciantes y terratenientes, se convirtió en modo de vida, en modo de producción.

Las ciudades europeas crecieron, la hipertrofia de las barriadas obreras transformó la cultura: llegó el momento de dar paso a la civilización. Ese paso significó la irrupción de las masas.

La masa que llenó antaño los espacios públicos y rugía con reivindicaciones ora económicas ora jurídicas es una masa que ha ido desapareciendo a pesar del florecer efímero de los "indignados" y de otras primaveras utópicas.

El hombre-masa ya no pide nada salvo un reconocimiento, siquiera sea en su condición de esclavo. Nada halagaba tanto a ciertos esclavos antiguos que el ser reconocidos como tales por su amo. La masa busca amo, y cuando carece de él se torna rugiente y fiera: busca un lider y hasta se lo inventa, pero la masa es ella misma espíritu obediente y, sin líderes ni canales mediáticos, es un cuerpo inerte.

En sentido spengleriano

El poder del sino puede barruntarse con esta filosofía en la que la propia Naturaleza es un capítulo de la Historia, pero una Historia en la que no cuenta el capricho de secuencias de hechos, el azar, la contingencia. Se trata de una filosofía de la Historia donde hay una muy alta y poderosa necesidad.

Los hombres cultos pasan ya por locos o infelices, ante el alegre bullicio del civilizado, es decir, del que se postra ante esa molicie colectiva que representa para todos nosotros el consumo, la finanzas, el multiculturalismo y la bolsa, las novedades tecnológicas y los brutales espectáculos de masa.

El hombre de cultura se retira de la escena, a la que ya no reconoce suya, pues Europa ya no es su casa. Se extingue, se volatiliza. Pero el hombre masa disfruta del consumo de un ocio y de unos servicios que disimulan la prostitución, la esclavitud y el crimen.

El hombre cosmopolita aborrece la vida agrícola. El obrero fabril del mundo opulento, habitante de la barriada, no de la ciudad mundial, todavía mantenía un pie en la campiña, de donde hacía poco había surgido. Pero el hombre civilizado, el decadente, ya ha roto sus raíces de la tierra de donde ha venido. 

Carece de linaje y de vínculos terráqueos. Por ello el decadente tiende, colectivamente y como promedio, hacia la Muerte. La civilización, al sentirse vieja, sueña con ella. El cansancio vital de la vida civilizada exige imperiosamente el suicidio, la eutanasia, el aborto y el infanticidio.

La muerte de Europa, y en su conjunto, de todo el Occidente, se manifiesta, en primer lugar y fundamentalmente, en una muerte demográfica.

Es vigor e intuición de la propia voluntad: esa savia que recorre un pueblo deviene en Cultura..

martes, 11 de abril de 2017

Dialéctica Patria-Raza.

Necesita ser aclarada la posición del nacionalismo en relación a la dialéctica Patria/Raza. La Patria es la unidad histórica y política de la raza. La raza es la base humana y el sujeto creador de la Patria. 

De ese modo la raza permanece con frecuencia inconsciente y el hombre percibe su actuación en comunidad a lo largo del tiempo exclusivamente como Patria.


El Estado concebirá las relaciones inter-raciales e internacionales, en lo posible, dentro de una voluntad de cooperación entre los pueblos. Esa cooperación sólo será posible con quienes no amenacen la libertad, la integridad y la identidad de nuestro pueblo.

El nacionalismo desecha toda idea de dominio, exterminio o explotación más allá de la legítima defensa. Nuestra concepción racial nos insta al mutuo respeto y a la colaboración contra el imperialismo y por el progreso de la Humanidad.

Nosotros no luchamos hoy por una posición de poderío mundial; luchamos simplemente por la existencia de nuestra Patria, por la unidad de nuestra nación y por el pan cotidiano para nuestros hijos.

En cuanto a la misión que forma el núcleo del destino histórico que es la Patria, baste decir que ha de ser la misma que la del Estado, su instrumento político, o sea: preservar la raza para que ésta pueda producir los más elevados valores. 

Ésta fue la concepción que también tuvo Onésimo Redondo, para el cual el sentido histórico de España había consistido en preservar la arianidad de nuestra porción sudeuropea frente a los ataques del semitismo y la africanidad.

La definición de Patria de José Antonio Primo de Rivera, Patria como unidad de destino histórico en lo universal, es esencialmente correcta. La mera existencia de la raza no supone la de la patria sino sólo su posibilidad; es precisa la existencia además de una organización política y un destino histórico común y propio. Esto es evidente.

lunes, 10 de abril de 2017

La Herejía Ideológica..

El hereje ideológico sigue siendo ejemplo para futuros prosélitos, la descarnada realidad del totalitarismo muestra toda su impúdica violencia.

En nuestro siglo el estalinismo y sus macroprocesos ideológicos adoptaron la fórmula según la cual el engañado, el equivocado, reconocía públicamente su error y era convertido en un guiñapo humano, triturado en lo físico y humillado en lo espiritual que aparecía ante las masas reconociendo su error y manifestando su firme adhesión a la ideología dominante.

Al día de hoy la nueva Inquisición, visto el fracaso que han supuesto ambos métodos para extirpar la herejía exige, obliga al converso, una vez aplicados todos los métodos de coerción imaginables, a practicar un acto de voluntad, un proceso de transmutación mental por el que el equivocado, el enfermo, realmente llega a interiorizar que sus convicciones de antaño eran una verdadera enfermedad, una insana adicción que como todas, le ha provocado dolor y de la que el Sistema lo ha curado salvándolo para la sociedad incorporándolo de nuevo al rebaño.

Ese acto de confesión, de arrepentimiento, de asunción de sus antiguas ideas como una dañina, malsana y nefanda enfermedad que corroía su cuerpo y su mente, debe de ser público y dirigido principalmente hacia sus antiguos correligionarios, los que veían en él un pilar, una columna.


miércoles, 5 de abril de 2017

El hombre es el arte de la historia..

El hacer del hombre es el arte de la historia, y en ese hacer se ha mascado siempre la tragedia.

¡La democracia y la corrección política han acabado con todo ese hacer de grandes hombres que hacían de sus decisiones, sus acciones y de sus consecuencias una obra de arte! 

La política ha perdido todo su colorido, la historia se ha vuelto aburrida, ¡es hora de que surja alguien capaz de ser protagonista de los sucesos, de generar grandes cambios y de agitar el tiempo! y se echa de menos por ausente, no por nostalgia. Nuestro presente necesita de grandeza, tanta mediocridad harta.

No creo en hombres malos ni en hombres buenos, sólo en hombres que actúan según sus preceptos o los de otros, o bajo su capricho: capricho del que luego se sienten culpables, por esa imposición de lo moral y de una sola forma de lo humano. 

Digamos que creo en hombres que hacen en cualquier momento lo que creen que es lo correcto, o lo necesario, o lo que tenían que hacer. Y es que si moral ha de haber, hemos de tener en cuenta que nuestra moral es nuestra propia conducta, nuestro propio hacer, y entonces la dimensión moral alcanzará su grado originario: el de costumbre. 

La moral debe alcanzar otro valor..y no en la maldad por servir ciertos preceptos por imperativo dogmatico..

Las matanzas morales adquieren dimensiones grotescas en la historia, son repugnantemente bellas pues el sinsentido de las acciones criminales esconde algo artístico,  porque en ocasiones así debe ser.